on Aug 3rd, 2009La Mujer

Ricardo Piglia

Tenía un hijo de dos años, pero decidió abandonarlo. Lo ató con una faja larga de una argolla en el techo y lo dejó gateando en la pieza, sobre una tela impermeable. Primero tuvo la precacuión de correr los muebles y amontonarlos contra las paredes, lejos del alcance del chico, como si la pieza estuviera vacía. Le escribió una nota a la mujer que venía a hacer la limpieza y le dijo que había salido a hacer un trámite. Eran las siete de la mañana y en cuanto el marido dobló la esquina con el auto y se fue a trabajar, ella lamó un taxi y se tomó el primer tren de larga distancia que salía de Retiro. Al sía siguiente estaba en un pueblo en los límites de la provincia de SanLuis. En el hotel se anotó con el nombre de su madre (Lía Matra). Pasó la tarde durmiendo y a la noche bajó a jugar al casino. Veía la ruleta como la cara del destino. Los hombres y mujeres de la sala iban a buscar respuestas y cada uno estaba en un universo aislado y microscópico. (Esos crupiers, pensó, funebreros, le hubiera gustado llevarse uno a la cama.) El casino era pobre, tenía una alfombre celeste y ella imaginó que así tenía que estar decorado el infierno. Una sala semivacía y mal alumbrada, con una moquette azul eléctrico. Los hombres usaban camperas, las mujeres parecían coperas retiradas. Una nube de insectos rodeando la réplica artifical de la pasión y de la vida. La mujer pensaba en fechas y jugaba al día al mes en progresión y ganaba todo el tiempo. Cuando cerró el casino le dieron el dinero en una bolsa de papel madera. Para llegar al hotel tuvo que cruzar una plaza. Había un monumento, bancos, un tacho de basura atado a un árbol con una cadena. Iba a llamar por teléfono a su casa y avisar que se había ido. Las lajas del camino se cortan frente a un cantero. La mujer esconde la bolsa con la plata entre las plantas. El pueblo está vacío; una luz brilla al fondo, en lo que ha sido la estación vieja. La mujer cruza la calle, sube a la pieza y recién entonces se decide a desarmar la valija. Cuelga la ropa en las perchas, ordena los frascos y las cremas en el botiquín del baño, cierra las ventanas para que no entre la luz del día. Llama a la recepción del hotel, pide que nadie la moleste y después se suicida.

on Jul 25th, 2009No Eran Días Buenos

de E. Tagliazucchi.

No eran días buenos. El domingo viajé en tren hasta el centro. Hacía mucho frío, pero cuando empecé a subir la escalera hasta el andén. Sentí calor y comenzo a arderme la nuca, justo arriba del cuello del pullover de lana. Llegué cansado: estaba gordo, fuera de forma y sin dormir.

Unas palomas se apoyaron sobre el andén, en la vía y sobre la cubierta de madera del tercer riel. Entre el sueño de la noche había escuchado lluvias cortas. El suelo estaba mojado y de repente había empezado a imaginar como sería ver a una paloma morir electrocutada. El tren no llegaba y miré el reloj: había pasado más tiempo del que creía. Las palomas seguían avanzando a saltos cortos entre los restos de comida mojada, los envases vacíos, la humedad en el aire.

Continue Reading »

on Jul 2nd, 2009Diario - Santucho

W. Gombrowicz

Por la tarde rendez-vous con Santucho (uno de los hombres de letras y redactor de la revista Dimensión) en el café Ideal.
Huele a Oriente. A cada momento unos pillos atrevidos me meten en las narices billetes de la lotería. Luego un anciano con setenta mil arrugas hace lo mismo; me mete los billetes en las narices como si fuera un niño. Una ancianita, extrañamente disecada al estilo indio, entra y me pone unos billetes bajo las narices. Un niño me coge el pie y quiere limpiar mis zapatos, otro, con una espléndida cabellera india, erizada, le ofrece a uno el periódico. Una maravilla-de-muchacha-odalisca-hurí, tierna, cálida, elástica, lleva del brazo a un ciego entre las mesitas y alguien lo golpea a uno suavemente por atrás: un mendigo con una cara triangular y menuda. Si en este café hubiera entrado una chiva, una mula, un perro, no me asombraría.

Continue Reading »

on Jun 28th, 2009And Death Shall Have No Dominion

Dylan Thomas

 

And death shall have no dominion.
Dead men naked they shall be one
With the man in the wind and the west moon;
When their bones are picked clean and the clean bones gone,
They shall have stars at elbow and foot;
Though they go mad they shall be sane,
Though they sink through the sea they shall rise again;
Though lovers be lost love shall not;
And death shall have no dominion.
And death shall have no dominion.
Under the windings of the sea
They lying long shall not die windily;
Twisting on racks when sinews give way,
Strapped to a wheel, yet they shall not break;
Faith in their hands shall snap in two,
And the unicorn evils run them through;
Split all ends up they shan’t crack;
And death shall have no dominion.
And death shall have no dominion.
No more may gulls cry at their ears
Or waves break loud on the seashores;
Where blew a flower may a flower no more
Lift its head to the blows of the rain;
Though they be mad and dead as nails,
Heads of the characters hammer through daisies;
Break in the sun till the sun breaks down,
And death shall have no dominion.

on Jun 27th, 2009La conquista del pan - Piotr Alekséyevich Kropotkin

El príncipe Piotr Alekséyevich Kropotkin (9 de diciembre de 1842 - 8 de febrero de 1921) fue geógrafo y naturalista, aparte de pensador político ruso, siendo considerado uno de los principales teóricos del movimiento anarquista, dentro del cual fundó la escuela del anarcocomunismo.

La conquista del pan (en francés: La Conquête du Pain), originalmente escrito en francés, apareció por primera vez como una serie de artículos en los periódicos anarquistas Le Révolté y La Revolté (ambos editados por Kropotkin). Fue publicado como libro por primera vez en París en 1892 con un prefacio de Élisée Reclus, quien también sugirió el título. Entre 1892 y 1894 fue serializado, en parte, en los periódicos londinenses Freedom, del cual Kropotkin era cofundador. Ha sido traducido y reimpreso en numerosas ocasiones: fue traducido al japonés, por ejemplo, por Kotoku Shusui en 1909.

En este trabajo, Kropotkin apunta lo que él considera como las fallas de los sistemas económicos del feudalismo y del capitalismo, y cómo él cree que ellos crean miseria y escasez mientras promueven el privilegio para ciertas clases. Él opta por la propuesta de un sistema económico descentralizado basado en la ayuda mutua y la cooperación voluntaria, acertando que las tendencias para este tipo de organizaciones ya existen, ambas en la evolución y la sociedad humana.

La Conquista del Pan PDF

on Mar 15th, 2009The oblong box

E. A. Poe

Some Years ago, I engaged passage from Charleston, S.C., to the city of New York, in the fine packet-ship “Independence,” Captain Hardy. We were to sail on the fifteenth of the month (June), weather permitting; and on the fourteenth, I went on board to arrange some matters in my state-room. Continue Reading »

on Mar 15th, 2009The raven

E. A. Poe

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,

Over many a quaint and curious volume of forgotten lore-

While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,

As of some one gently rapping, rapping at my chamber door-

“Tis some visitor,” I muttered, “tapping at my chamber door-

Only this, and nothing more.”

Continue Reading »

on Mar 15th, 2009El maravilloso adjetivero de mi primo Len

Walter Braden Finney

Mi primo Len encontró su maravilloso adjetivero en una casa de empeños. Suele visitar las casas de empeño de la Segunda Avenida porque, según dice, son un alivio comparadas con la naturaleza. Al primo Len no le gusta mucho la naturaleza. Se pasa la mayor parte del tiempo al aire libre juntando material para El sabor y el saber de los bosques, una sección que escribe, y dice que preferiría ser plomero. Continue Reading »

on Mar 15th, 2009Los ojos ciegos

 Zadunaisky P.

Primero una mano, después el roce delicado de la tela y sus ojos ya no ven. La palma abierta de la mano cubre su rostro retirándose lentamente, lo acaricia y se aleja dejando solo el roce de las yemas de los dedos, y después, por un instante, nada. Continue Reading »

on Aug 13th, 2008Polaris

H.P. Lovecraft 

El resplandor de la Estrella Polar penetra por la ventana norte de mi cámara. Allí brilla durante todas las horas espantosas de negrura. Y durante el otoño, cuando los vientos del norte gimen y maldicen, y los árboles del pantano, con las hojas rojizas, susurran cosas en las primeras horas de la madrugada bajo la luna menguante y cornuda, me siento junto a la ventana y contemplo esa estrella. En lo alto tiembla reluciente Casiopea, hora tras hora, mientras la Osa Mayor se eleva pesadamente por detrás de esos árboles empapados de vapor que el viento de la noche balancea. Antes de romper el día, Arcturus parpadea rojozo por encima del cementerio de la loma, y la Cabellera de Berenice resplandece espectral allá, en el oriente misterioso; pero la Estrella Polar sigue mirando con recelo, fija en el mismo punto de la negra bóveda, parpadeando espantosamente como un ojo insensato y vigilante que pugna por transmitir algún extraño mensaje, aunque no recuerda nada, salvo que un día tuvo un mensaje que transmitir. Sin embargo, cuando el cielo se nubla, consigo conciliar el sueño. Continue Reading »

on Aug 10th, 2008Ampliación del campo de batalla

PDF, finalmente. Varios nos pidieron algo de Michel Houellebecq, y para empezar, decidimos postear esta novela del francés.

Ampliación del campo de batalla; Michel Houellebecq. PDF.

Para quienes no lo conozcan, una breve reseña robada de por ahí:

Michel Thomas (Saint Pierre, Isla de Reunión, 26 de febrero de 1958 –certificado de nacimiento– o 1956), conocido como Michel Houellebecq, es un poeta, novelista y ensayista francés. Sus novelas Las partículas elementales y Plataforma se convirtieron en hitos de la nueva narrativa francesa de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Ambas le otorgaron cierta consideración literaria pero también dieron lugar al llamado «fenómeno Houellebecq», que provocó numerosos y apasionados debates en la prensa internacional. Reside desde hace algún tiempo en el Cabo de Gata (Almería, España).

on Jul 22nd, 2008Razones para escribir

Porque la literatura puede ser una máquina de pensar, y aquello que se escribe con la voluntad de la verdad (literaria, no la otra) llega mucho más lejos que la política, la ciencia o la vida misma.

on Jul 11th, 2008La doble trampa mortal

Roberto Arlt 

He aquí el asunto, teniente Ferrain: usted tendrá que matar a una mujer bonita.

El rostro del otro permaneció impasible. Sus ojos desteñidos, a través de las vidrieras, miraban el tráfico que subía por el bulevar Grenelle hacia el bulevar Garibaldi. Eran las cinco de la tarde, y ya las luces comenzaban a encenderse en los escaparates. El jefe del Servicio de Contraespionaje observó el ceniciento perfil de Ferrain, y prosiguió:

Continue Reading »

on May 16th, 2008El canibalismo en los clubes

Por M.A.

…un empresario muy exitoso que decidió, en un rapto de sociabilidad, unirse a cuanta secta, grupo o cofradía se le cruzase por la mente: rosacruces, rotarios, masones, amigos de Palermo, viajé-como-el-otro, Skull & Bones, Anael, bloggers 3.0, sindicatos diversos y un mar de clubes de fútbol. Una vez lo hubo. Después de unos meses agotadores (tenía entre una y tres reuniones por día, y muchas veces cenaba por dos…) determinó que un club de bochas, destartalado, sin cancha, en la Paternal, era el próximo paso.

Acaso quisiera probar algo más barrial, buscando, filosófico, el sentido real, esencial de todo aquello.

En aquel club en pocas semanas se convirtió en un lider, una voz fuerte para todos los demás asociados que admiraban sus trajes, su afeitada y sus anégdotas de hombre de mundo. En poco tiempo accedió y se convirtió en partícipe del secreto del club: allí no jugaban a las bochas, sino que ejercitaban el canibalismo, comiéndose a empleados de limpieza, chicos de la calle o cartoneros tras la olorosa fachada de un asado mensual “sólo para vitalicios”.

Tanto apasionó este club anthropophagus al empresario exitoso, que dejó de ir a trabajar, y dejó de ser empresario. A medida que sus ahorros mermaban, también dejaba de ser exitoso y su liderazgo de esfumó.

Unos meses después, solo y deprimido, en una vieja pensión de San Telmo, tuvo demasiada hambre o melancolía (la distinción es impropia en este punto del relato) y, mientras tomaba unos mates, se comió el brazo izquierdo.

on May 16th, 2008Acerca de la escritura

Adolfo Bioy Casares 

Henry James se preguntó por qué escribía Flaubert si le dolía tanto… La crítica es aparentemente justa (sólo aparentemente, pero de cualquier modo para este párrafo sirve). A mí me divierte escribir, aunque muchas veces las vacilaciones que tengo al hablar se me corren a la pluma. Las venzo. El placer de inventar es grande; también el de lograr una página satisfactoria. Mis relativos aciertos me bastan para decir que me gusta esta profesión, que me gusta inventar, que me gusta haber inventado historias y tener otras para escribir. Continue Reading »

on May 14th, 2008Un artista de la edición

Lit.

Sea M una escritora de mediano renombre que, dada la escasa atención y nulo dinero que recibía de su editor, debió dejar de comprar ropa para sus hijos y se unió al ejercito de las amas-de-casa-Singer que confeccionan sus propias prendas. Una tarde de verano, M recorría el Once con un pedazo de tela en la mano, buscando en las distintas tiendas un retazo al menos similar, para remendar un viejo vestido que había heredado de su madre. Antes de cruzar Junín, en la avenida, la mujer vio a Herrero Pequeño, el hijo del editor, quien le gritó desde la vereda de enfrente:

–Hola M, qué sorpresa. ¿Qué hace por acá?

–Busco un género que me sirva.

Al llegar a la oficina del padre, esa misma tarde, antes de que se ocultase el sol, el hijo relató el encuentro. El padre, no sin mirar de reojo la lista de llamadas pendientes entre las cuales había varias de la aparecida, dijo con acusada frivolidad:

–¡Yo siempre dije que esa era una escritora improvisona!

Un tiempo después la secretaria de Herrero Pequeño padre le informó a la escritora que no era necesario que siguiese enviando sus cuentos a la editorial.

on May 13th, 2008La verdad sobre Sancho Panza

Kafka 

Sancho Panza, que por lo demás nunca se jactó de ello, logró, con el correr de los años, mediante la composición de una cantidad de novelas de caballería y de bandoleros, en horas del atardecer y de la noche, apartar a tal punto de sí a su demonio, al que luego dio el nombre de Don Quijote, que éste se lanzó irrefrenablemente a las más locas aventuras, las cuales empero, por falta de un objeto predeterminado, y que precisamente hubiese debido ser Sancho Panza, no hicieron daño a nadie. Sancho Panza, hombre libre, siguió impasible, quizás en razón de un cierto sentido de la responsabilidad, a Don Quijote en sus andanzas, alcanzando con ello un grande y útil esparcimiento hasta su fin.

on May 12th, 2008Las visitantes

De Pablo Zadunaisky

Estaba caminando solo, pateando una lata o pensando en otras cosas. No tendría más de catorce o quince años y en esos tiempos no miraba demasiado para los costados, debía estar distraído cuando me atraparon. Continue Reading »

on Apr 24th, 2008Bienvenido, Bob

J C Onetti 

Es seguro que cada día estará más viejo, más lejos del tiempo en que se llamaba Bob, del pelo rubio colgando en la sien, la sonrisa y los lustrosos ojos de cuando entraba silenciosamente en la sala, murmurando un saludo o moviendo un poco la mano cerca de la oreja, e iba a sentarse bajo la lámpara, cerca del piano, con un libro o simplemente quieto y aparte, abstraído, mirándonos durante una hora sin un gesto en la cara, moviendo de vez en cuando los dedos para manejar el cigarrillo y limpiar de cenizas la solapa de sus trajes claros.

Continue Reading »

on Apr 9th, 2008Cuento azul

Marguerite Yourcenar

Los mercaderes procedentes de Europa estaban sentados en el puente, de cara a la mar azul, en la sombra color índigo de las velas remendadas de retazos grises. El sol cambiaba constantemente de lugar entre los cordajes y, con el balanceo del barco, parecía estar saltando como una pelota que rebotara por encima de una red de mallas muy abiertas. El navío tenía que virar continuamente para evitar los escollos; el piloto, atento a la maniobra, se acariciaba el mentón azulado. Continue Reading »

on Apr 8th, 2008Mejor que arder

Clarice Lispector 

Era alta, fuerte, con mucho cabello. La madre Clara tenía bozo oscuro y ojos profundos, negros. Continue Reading »

on Apr 7th, 2008La estatua de sal

Leopoldo Lugones

He aquí cómo refirió el peregrino la verdadera historia del monje Sosistrato: Continue Reading »

on Apr 5th, 2008Virasoro Bar

Anónimo Por Ahora

1

“¿Puede hacerlo?” Preguntó la mujer acomodando las cintas de cuero de su cartera por sobre su hombro izquierdo. El gesto era automático, tanto para ella, ejecutante, como para el hombre que trató de espiarle el escote cuando ella cruzó el brazo sobre el pecho.

“No sé, no creo entender bien qué es lo que quiere.”

La habitación era cúbica, casi perfecta. Las paredes eran de fórmica, y estaban onduladas por acción de años de humedad. Por la ventana podían verse decenas de otras ventanas, todas igualmente anónimas y mohosas, sembradas debajo de una constelación de antenas de TV maltrechas.

“Es simple, ya se lo expliqué por teléfono, pero creo que, tal vez, tengo que repetirlo.”

“Sí.”

La mujer le explicó al hombre, un escritor mediocre pero poseedor de una injusta buena fama, que necesitaba que él escribiese para ella un cuento. Ella no daría otra instrucción aparte de que “el cuento debe transmitir un odio supremo, absoluto, infinito, de una mujer hacia un hombre.” Continue Reading »

on Apr 5th, 2008Piedad

Malatesta

Aquella tarde una mariposa oscura entró por la ventana que estaba abierta ya que era verano y tener las ventanas cerradas, aunque no corriese ni la más mínima brisa, hubiese sido un gesto antipático. La mariposa revoloteó alrededor de la pantalla de la lámpara que colgaba del techo (La Luz Grande habíamos aprendido a decirle) como si escrutara una nueva flor, inmensa y desconocida, y después de elevarse y volver a bajar a unos centímetros del piso, se posó en el borde de la tapa de acrílico del tocadiscos, sin moverse después. Así estuvo durante horas. Al principio levanté la vista de mi lectura y la seguí en su vuelo, paralizado por el miedo. Los insectos me intimidan. Entonces me aterrorizaban. Sentí cómo la adrenalina preparaba mi cuerpo para una huída, sacudiéndome la cabeza y llevándome por delante los muebles si al bicho se le antojaba acercárseme demasiado. Mis pupilas describieron el último semicírculo en el que se proyectaba aquel vuelo hasta que se posaron en el aparato en el que descansaba ella. Unos minutos más tarde mi sangre volvía a correr con el regular sopor veraniego por mis venas. La mariposa y yo convivíamos en mi cuarto, silenciosos, mirándonos de a ratos. Continue Reading »

on Mar 30th, 2008Fin de marzo

Lit.

¿Para qué escribir? ¿Para levantar minas o tipos? ¿Para reducir el cretinismo que veo en el espejo? ¿Para molestar a Padre, o para agradar a Padre? ¿Porque si no escribo nadie me escucha? ¿Para hacer la revolución, o para repudiar a los revolucionarios? ¿Para hacerme millonario, o porque ya soy millonario? ¿Porque tengo mucho que decir, o porque no tengo nada que decir?

Continue Reading »

on Mar 5th, 2008Esa mujer

Rodolfo Walsh

El coronel elogia mi puntualidad:

-Es puntual como los alemanes -dice.

-O como los ingleses.

El coronel tiene apellido alemán. Continue Reading »

on Mar 5th, 2008¡Mozo, un bock!

Guy de Maupassant 

¿Por qué se me ocurrió entrar aquella noche en la cervecería? Lo ignoro. Hacía frío. Una llovizna, remolinos de polvillo de agua envolvían los faroles de gas como una neblina transparente y brillaban en las aceras, cruzadas por las luces de los escaparates que iluminaban el barro líquido del suelo y los pies sucios de los transeúntes. Continue Reading »

on Mar 5th, 2008Quotidie, marzo 5

Lit.

No quiero cantar victoria, pero he vuelto a escribir.

Extraño: justo antes de poder retomar la escritura, la no-lectura fue ganando espacio. Un amigo me trajo unos libros, de regalo (no iban a ser un regalo, pero él insistió, así que yo le regalé mi cámara de fotos) y nos pusimos a hablar, unos días después, en Dan´s Old Farm House, en Julu Lu. Continue Reading »

on Mar 4th, 2008Consejos para escritores

Chejov 

Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.

Cuando escribo no tengo la impresión de que mis historias sean tristes. En cualquier caso, cuando trabajo estoy siempre de buen humor. Cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo. Continue Reading »

on Mar 4th, 2008Cómo nace un texto

J. L. Borges

Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder. Continue Reading »

on Mar 4th, 2008La mujer vengada

Marques de Sade

Remontémonos a las épocas gloriosas en las que Francia tenía numerosos señores feudales que gobernaban despóticamente sus dominios, en vez de treinta mil esclavos envilecidos ante un solo rey. Cerca de Fimes vivía el señor de Longeville, en su vasto feudo, con una castellana morena, no demasiado bella, pero muy impulsiva, avispada y sumamente amante de los placeres. Ella contaba con unos veinticinco o veintisiete años de edad y él, como mucho, treinta; pero, como llevaban casados ya diez años, cada uno hacía lo que podía con objeto de procurarse las distracciones necesarias para aplacar el tedio matrimonial. La población, o más bien el villorrio de Longeville, no ofrecía excesivos estímulos; sin embargo, desde hacía dos años él se las arreglaba discreta y satisfactoriamente con una campesina de dieciocho años, tranquila y cariñosa, llamada Louison. La agradable tórtola acudía cada noche a los aposentos de su señor a través de una escalera secreta, construida a tal efecto en una de las torres, y por la mañana levantaba el vuelo antes de que la señora entrara en la alcoba de su marido, cosa que solía hacer a la hora del almuerzo.

Continue Reading »

on Mar 2nd, 2008Lo insondable

Enrique Vila-Matas

1

Estaba de visita en casa de mis padres, a principios de este octubre. Habíamos tenido en Barcelona una tarde plácida, pero de improviso había ido oscureciendo y en pocos minutos se había desatado una tromba de agua acompañada de gran descarga eléctrica. Llevábamos ya un buen rato en plena tormenta cuando, tras uno de los más colosales truenos, mi padre murmuró que no lo entendía. ¿El qué? No sé cómo, pero me apropié de un lenguaje técnico y me puse a explicarle el origen de la formación de un trueno. No olvidaré fácilmente aquel momento, porque de pronto me pareció que mi lenguaje científico sonaba ridículo. Cuando hube terminado, mi padre sonrió y dijo que estaba perfectamente informado de la existencia de las nubes altocúmulos y demás, pero que no había querido exactamente hablar de eso. Siguió un silencio, como si nos hubiéramos adentrado en una tensa espera hasta que llegara el siguiente trueno. Estábamos los dos ahora de repente inmóviles, a la expectativa.

-Yo hablaba del misterio -dijo mi padre.

Continue Reading »

on Mar 1st, 2008La invención de Morel

La invención de Morel (PDF)

Cuando era chico me topaba con el tipo de preguntas de mi amiguitos tendientes a entender un poco más de qué venía el mundo interior de unos y otros, “¿qué XXX te llevarías a una isla desierta?”, donde XXX podían ser libros, discos, comida, un amigo, una mina o madre/padre. Respecto de los libros: si debiera elegir un libro, llevaría La invención de Morel. Si pudiese elegir seis, llevaría seis ejemplares del mismo libro.

Es una pena que La invención de Morel sea de lectura semi-obligatoria en las escuelas: resultado de tal medida es que mucha, muchísima gente relacione, de adulto (¿?), a esta obra maravillosa con la represión, la obligatoriedad por decreto y la mediocridad generalizada de aulas, profesores y “normalizaciones” varias…

Para terminar este comentario: si alguien no lo leyó, lealo ahora. El que ya lo leyó, no necesita arengas.

Lit.

on Mar 1st, 2008Un cielo indulgente

Heinrich Heine

Me duele, querido lector, separarme de ti. El autor acaba por acostumbrarse a su público, como si éste fuera un ser razonable. A ti también parece entristecerte que yo deba decirte adiós; estás agitado, querido lector, y preciosas lágrimas corren por tus mejillas. Pero tranquilízate, volveremos a vernos en un mundo mejor, donde también pienso dedicarte libros mejores. Doy por sentado que ahí se repondrá mi salud, y que no me ha mentido Swedenborg. Este refiere que en el otro mundo proseguiremos tranquilamente nuestros quehaceres terrenales, que ahí conservaremos nuestra individualidad y que la muerte no produce ningún trastorno apreciable en nuestra evolución orgánica. Swedenborg es incapaz de mentir y son del todo fidedignos sus informes del otro mundo, donde él vio las personas que han jugado un papel en nuestra tierra. Casi todos, dice él, siguen invariables y se ocupan de los mismos asuntos que antes los ocuparon: quedan estacionarios, anticuados, un poco rococó, lo que puede resultar algo ridículo. Así, por ejemplo, nuestro querido doctor Martín Lutero se quedó detenido en su doctrina de la Gracia, sobre la cual hace trescientos años que diariamente escribe los mismos argumentos mohosos igual que el difunto barón Ecksteien, que durante veinte años publicó diariamente en la Allgemeine Zeitung el mismo artículo contra los jesuítas. Pero no todas las personas vistas por Swedenborg persistían rígidas como fósiles; muchas habían empeorado o mejorado… La casta Susana, que antes resistió con tanta gloria a los ancianos, fue seducida por el joven Absalón, hijo de David. En cambio las hijas de Lot se habían reformado; en el otro mundo eran ejemplos de decencia. Continue Reading »

on Feb 27th, 2008How I Write

Martin Amis, en The Times

My study has a balcony, a sofa, armchair, filing cabinet, a long table and a computer. I use the computer mostly as a typewriter, for my second draft only, otherwise I write in longhand—you feel the flow more and it’s easily correctable. If it is going well it can feel almost painterly. You’re able to see the history of what you’re writing and the corrections bear their own archaeology. With computers, it’s all too easy to erase. I use lined notebooks and pens which become a total mystery. I buy about 20 a week, but can never find a single one. Continue Reading »

on Feb 13th, 2008Carta a mis amigos

Rodolfo Walsh

Hoy se cumplen tres meses de la muerte de mi hija, María Victoria, después de un combate con fuerzas del Ejército. Sé que aquéllos que la conocieron la han llorado. Otros, que han sido mis amigos o me han conocido de lejos, hubieran querido hacerme llegar una voz de consuelo. Me dirijo a ellos para agradecerles pero también para explicarles cómo murió Vicki y por qué murió. Continue Reading »

on Feb 11th, 2008Lunes 11, enero

Por Lit.

Mediodía. Anoche sentí una triste melancolía: no poder escribir limpia, justamente. Siento que es necesario saber estar ausente de lo que se escribe, de los juegos -perversos- del lenguaje, pero sólo hasta ese momento justo, ese espacio literario minúsculo en que la subjetividad se clava en una frase, una palabra. Es algo más interesante que ritmo, o forma: es la destrucción de algo para dar lugar a otra cosa.

Pero no puedo, creo, no puedo moderar mi ánimo pugilístico, y caigo en una sensiblera exhibición, innecesaria, adolescente. Me levanté y borré la carpeta scriptorium de la computadora, y con ella mis escritos pendientes. No: no siento ningún arrepentimiento. Más bien siento una leve paz.

Dos días después. Me llegan escritos de viajeros; releo mis cosas. Inclusive mi casilla de email es un muestrario de lo que no debe ser. Releo este posteo. Resuena: “...caigo en una sensiblera exhibición, innecesaria, adolescente.”

on Feb 9th, 2008Tripas

Chuck Palahniuk 

Tomen aire.

Tomen tanto aire como puedan. Esta historia debería durar el tiempo que logren retener el aliento, y después un poco más. Así que escuchen tan rápido como les sea posible. Continue Reading »

on Feb 2nd, 2008Mujeres desesperadas

Samanta Schweblin 

Parada en el medio de la ruta Felicidad ha creído ver, en el horizonte, el débil reflejo de las luces traseras del auto. Ahora, en la oscuridad cerrada del campo, sólo se distinguen la luna y su vestido de novia. Sentada sobre una piedra junto a la puerta del baño concluye que no tendría que haber tardado tanto. Desprende del tul algunos granos de arroz. Apenas puede adivinar el paisaje: el campo, la ruta y el baño. Continue Reading »

on Feb 1st, 2008Hunter Thompson

Por Juan Forn, en Página/12

NdelE: Mescalito, para ir leyendo… 

En una de las últimas apariciones públicas de Hunter Thompson, firmando ejemplares de los tres tomos de su correspondencia en una librería de Chicago, uno de sus fanáticos se presentó con una bolsa llena de ajados ejemplares del Gonzo, esperando que éste les estampara la firma. Thompson miró con ojos vidriosos al fanático y a la larga fila que se había formado detrás y declaró que sólo firmaría los libros que se hubieran vendido esa tarde. El fanático guardó contrito todos sus ejemplares menos uno y rogó al Gonzo que al menos le firmara ése. Se trataba de un librito de menos de cincuenta páginas, sin cubierta, con el título Screwjack y un tosco grabado de un gato alzando la cola en su primera página. Thompson ofreció al fanático firmarle toda la bolsa a cambio de ese libro. El tipo dijo que de ninguna manera pensaba desprenderse de él. Thompson sacó entonces un arma, se produjo gran revuelo en la librería y todo terminó con el retiro apresurado de la estrella de la jornada, acompañado de su entorno y varios guardias de seguridad.

Continue Reading »

on Jan 26th, 2008De hombres, ciervos y cangrejos

Anna Kazumi Stahl 

Hace diez días que vino mi hermano de la guerra, y hace dos días que me dejan verlo. Está enfermo y tiene heridas que no se curaron bien. Vuela de fiebre, tanto que dice cosas mientras duerme. Tiene pesadillas. Puedo ver en los párpados cómo van escabulléndose los monstruos en su cabeza de un lado para el otro, atacándolo. Pero no puedo hacer nada para ayudarlo. No puedo despertarlo; ya me explicaron cuán mal le haría a un enfermo del corazón y de los pulmones arrancarlo del sueño. Y no puedo llegar adonde están los fantasmas que lo acechan. Me quedo sentada, entonces, y fijo la vista, con toda la fuerza a mi alcance, en los lugares de los párpados donde los vi. Trato así de enviar hacia él más fuerza para defenderse.

Continue Reading »

on Jan 24th, 2008Margarita o el poder de la farmacopea

Adolfo Bioy Casares

No recuerdo por qué mi hijo me reprochó en cierta ocasión:

-A vos todo te sale bien. Continue Reading »

on Jan 24th, 2008The Apparation

John Updike, en The Atlantic 

Her appearance struck Milford when she stopped Mrs. Milford on the hotel stairs, to ask a question. There was a flushed urgency, a near-breathlessness, to the question: “Have you been to the hairdresser yet?” Continue Reading »

on Jan 23rd, 2008En memoria de Paulina

Adolfo Bioy Casares

Siempre quise a Paulina. En uno de mis primeros recuerdos, Paulina y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de laureles, en un jardín con dos leones de piedra. Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos. Yo comprendí que mi felicidad había empezado, porque en esas preferencias podía identificarme con Paulina. Nos parecimos tan milagrosamente que en un libro sobre la final reunión de las almas en el alma del mundo, mi amiga escribió en el margen: Las nuestras ya se reunieron. “Nuestras” en aquel tiempo, significaba la de ella y la mía. Continue Reading »

on Jan 16th, 2008Encender un fuego

Jack London

El día había amanecido frío y gris, absolutamente frío y gris, cuando el hombre se apartó del camino principal del Yukón y trepó el elevado terraplén donde un sendero apenas visible y poco transitado conducía al Este, entre espesos bosques de abetos. Era una ladera pronunciada, y al llegar a la cima se detuvo para recobrar el aliento, disculpándose ante sí mismo con una mirada al reloj. Eran las nueve. Aunque no se veía ni una nube en el cielo, no había el menor indicio del sol. Era un día despejado, y sin embargo parecía como si un velo intangible lo cubriera todo, una melancolía sutil que oscurecía las cosas y que se debía a la ausencia del sol. Estaba acostumbrado a la falta del sol. Habían pasado ya unos cuantos días desde que lo viera por última vez, y sabía que habrían de pasar muchos más antes de que el alentador astro se asomara apenas sobre la línea del horizonte para desaparecer inmediatamente de la vista en viaje al Sur. Continue Reading »

on Jan 16th, 2008En tu iris

María Inés Mogaburu 

Hilario, un hombre de edad media, casado y sin hijos, es el creador de una mujer de pelo entrecano que dice en voz alta: -En este momento, en Argentina son cinco horas más temprano que aquí-. Hilario, durante un episodio de una neuritis que le causa dolores lacerantes, como si perros salvajes le hendieran los dientes en los brazos y en las piernas, evoca la imagen de esa desconocida para calmar el dolor. La neuritis es de origen incierto y aparece con alarmante regularidad una semana de cada mes desde hace un año. Continue Reading »

on Jan 11th, 2008Borges and the Foreseeable Future

Por Noam Cohen para The New York Times

The Argentine writer Jorge Luis Borges might seem an unlikely candidate for Man Who Discovered the Internet. A fusty sort who from the 1930s through the 1950s spent much of his time as a chief librarian, Borges (1899-1986) valued printed books as artifacts and not just for the words they contained. He frequently set his stories in a pretechnological past and was easily enthralled by the authority of ancient texts. Continue Reading »

on Jan 11th, 2008Bartleby, el escribiente

Herman Melville; traducción de J. L. Borges

Soy un hombre de cierta edad. En los últimos treinta años, mis actividades me han puesto en íntimo contacto con un gremio interesante y hasta singular, del cual, entiendo, nada se ha escrito hasta ahora: el de los amanuenses o copistas judiciales. He conocido a muchos, profesional y particularmente, y podría referir diversas historias que harían sonreír a los señores benévolos y llorar a las almas sentimentales. Pero a las biografías de todos los amanuenses prefiero algunos episodios de la vida de Bartleby, que era uno de ellos, el más extraño que yo he visto o de quien tenga noticia. De otros copistas yo podría escribir biografías completas; nada semejante puede hacerse con Bartleby. No hay material suficiente para una plena y satisfactoria biografía de este hombre. Es una pérdida irreparable para la literatura. Bartleby era uno de esos seres de quienes nada es indagable, salvo en las fuentes originales: en este caso, exiguas. De Bartleby no sé otra cosa que la que vieron mis asombrados ojos, salvo un nebuloso rumor que figurará en el epílogo. Continue Reading »

on Jan 7th, 2008Entrevista con Julian Barnes

Por Juana Libedinsky, Para LA NACION

-¿Cómo es el proceso de creación detrás de cada libro?

-No tengo reglas, a veces es una situación que se me ocurre, o un personaje, o una historia que me cuentan a partir de la cual creo que puedo empezar a trabajar. Continue Reading »

on Dec 24th, 2007Los gatos de Estambul

Rogelio Riverón

Nevaba en Estambul a finales del 2006, pero yo no tenía frío. Un vientecillo que corría del Bósforo desorganizaba los copos de nieve, que se iban de costado contra el parabrisas, mientras Nihat me apostaba a que al día siguiente habría lluvia. Ayer subió a quince grados -me dijo-; hoy que tú llegas tenemos nevada, y mañana verás cómo rompe a llover. Miré a la calle, a la nieve turbia que removía un auto delante del nuestro, y le aseguré que estaba bien así, que hacía más de cinco años que no veía nevar, y que bendita toda la nieve de Constantinopla. Sonrió con una leve ironía, y yo, para alejarme un poco del tema, le dije: Continue Reading »

on Dec 24th, 2007El cuento de navidad de Auggie Wren

Paul Auster

Le oí este cuento a Auggie Wren. Dado que Auggie no queda demasiado bien en él, por lo menos no todo lo bien que a él le habría gustado, me pidió que no utilizara su verdadero nombre. Aparte de eso, toda la historia de la cartera perdida, la anciana ciega y la comida de Navidad es exactamente como él me la contó. Continue Reading »

on Dec 18th, 2007Cómo murió Aramburu

Por Mario Firmenich y Norma Arrostito, en La causa peronista, 1974

Era la una y media de la tarde del 29 de mayo de 1970. Las radios de todo el país Interrumpieron su programación para dar cuenta de una noticia que poco después conmovería al país. “Habría sido secuestrado el Teniente General Pedro Eugenio Aramburu”. Continue Reading »

on Dec 18th, 2007Martes 18, diciembre.

Por Lit.

Atardece. Todavía no pude leer Historia del llanto, la última novela de Pauls. Se la pedí a un amigo que viene de viaje. “Traeme esto esto y esto” Siete u ocho cosas. Entonces, decía: como no pude leer la novela, todavía creo en ella, y hago cosas tales como leer entrevistas que le hacen al tipo, críticas, y cosas así. Hoy leía: Continue Reading »

on Dec 17th, 2007El gran Kapuscinski

Por Lit.

Nacido en Polonia en 1932, Kapuscinski es considerado uno de los grandes maestros del periodismo entendido como relato. De lectura necesaria, casi obligada para quienes gustan de la crónica, la visión de barricada. El periodista y escritor murió en enero de este año. Continue Reading »

on Dec 17th, 2007Minucias de Chesterton

Por Cristian Gaineddu

Se puede admirar a un escritor por varios y distintos motivos; ya sea una excelente capacidad de expresión intelectual o emocional, ya sea un especial talento para crear tramas. Pero en todos los casos detectamos en nosotros, los lectores, algo que no estaba antes de comenzar la lectura. En mi caos particular, ese algo acostumbra ser una nueva reflexión, una nueva idea o pensamiento. Continue Reading »

on Dec 16th, 2007Loca erudición

Alan Pauls, para Radar Libros, en Página/12, 22 de agosto de 1999

¿Y si la gran pasión de Borges, pasión de traficante y de maestro, hubiera sido transmitir, propagar, divulgar? Todo el empeño invertido en señalar cómo Borges, mediante el despliegue de su erudición, aleja la literatura del lector, del público, del “pueblo”, ¿no debería reinvertirse en el trabajo de mostrar justamente lo contrario: cómo Borges siempre está buscando acercarse, cómo inventa técnicas de reproducción, maneras nuevas de traducir, canales de transmisión inéditos, formas de circulación y de divulgación de un capital de saber que ni siquiera reconoce como propio? Continue Reading »

on Dec 14th, 2007El príncipe de los lirios

Gina Picart

En el verano de 1924 conocí en Niza a Tamara Lempicka, una pintora polaca de moda entre la aristocracia de París. Yo había llegado de Cuba hacía una semana, y aquella mañana tomaba un aperitivo con Colette en un café de la costa, bajo uno de esos toldos rayados que protegen a los turistas del sol mediterráneo, mientras nos entreteníamos mirando las pequeñas figuras de los veraneantes que se desplazaban lánguidamente por el Paseo de los Ingleses. Jugábamos a reconocerlas, y a pesar de la distancia Colette logró identificar a Cocteau y a Radiguet por sus andares de bailarina, mientras yo adivinaba a las condesas de Polignac y Noailles por sus enormes sombreros ridículos. Más allá, el horizonte se confundía con las negras piedras lisas de la Bahía de los Ángeles.

Continue Reading »

on Dec 12th, 2007Algo para nosotros

Por Marlowe:PI

They… reveal themselves, over time…
S.B., In High on Blue Tomorrows

Me imagino y me puedo ver. Supongo que tenía un dedo en la boca, apoyado sobre los labios, como pidiendo silencio. Es un gesto que hago a veces. Tal vez crea que me hace ver pensativo: da la impresión de que no sólo soy capaz de tener un pensamiento profundo, sino de que lo estoy teniendo en ese preciso instante. Con el tiempo me di cuenta que también apoyo el pulgar sobre la barbilla y entonces mi mano dibuja un arma apuntando hacia mi cabeza que está pensando con furia en ese instante. Creo que en aquel momento no pensaba, debo haber estado reprimiendo algo porque divagaba, y me quedé mirando. Por alguna razón ellos (son mi familia, y sin embargo son ellos) sentían la obligación de pasearme. Creo que Marcos quería que algo pasara. Me pareció que lo venía preparando desde hace un tiemo. O por lo menos quería creer que venía preparándolo. A la gente le gusta sentir de vez en cuando que ellos organizaron –por un rato– el universo, para que las cosas salgan como salieron. Les gusta creer que tienen un poco control, por mínimo que sea, por un momento, de todo lo que ocurre a su alrededor. Que las cosas responden a sus deseos: debe ser una forma de sentirse seguros, justificados. A algunos nos gusta dirigir un instante. En ese momento era sólo vagamente consciente, estaba vagamente incómodo y apenas quería escaparme.

Continue Reading »

on Dec 12th, 2007Los dueños del bigote

Por Enzo Tagliazucchi

Hay muchísimas observaciones interesantes que se pueden hacer a partir de trabajar en una oficina pública.

Continue Reading »

on Dec 10th, 2007Martes 11, diciembre

Por Lit.

Por la mañana. Como siempre, mis lecturas son un caos absoluto. Por el desorden, por la variedad, por el modo incompleto y anárquico en que recorro los textos. Aquí no hay un juicio de carácter moral, ni una mirada metodológica.

—Tenés un libro en cada baño —dijo L

Continue Reading »

on Dec 10th, 2007Sobre desaparecer y desapariciones de todos los días

Por Enzo Tagliazucchi

Uno hace todo el tiempo que otras personas desaparezcan. Cuando alguien se cruza con un conocido y desvía la mirada, cuando una viejita permanece parada en un colectivo sin que nadie le ceda el asiento, cuando un muerto cae en el olvido: todos ejemplos cotidianos de desapariciones en vida. Pero ¿cómo es cuando uno mismo desaparece?

Continue Reading »

on Dec 10th, 2007Lunes 10, diciembre.

Por Lit.

Por la mañana. Dos sorbos de café y escribo esto. Al final Literal existirá. O no. Pero casi, casi existe. En un rato se publica, se promociona, se comenta. No sé qué pasará. Pero espero que algo, porque me juego un poco, personalmente, en el intento de anotar algunas cosas que me pasan por la cabeza. Se me ocurrió esta categoría, creo que abajo se lee: quotidie. Falta un signo sobre la seguna “i”, en “quotidie”. Sabrán disculpar los puristas, o los que tienen conocimiento, pero por ahora así queda.

Continue Reading »

on Dec 9th, 2007Un artista del hambre

Franz Kafka

En los últimos decenios, el interés por los ayunadores ha disminuido muchísimo. Antes era un buen negocio organizar grandes exhibiciones de este género como espectáculo independiente, cosa que hoy, en cambio, es imposible del todo. Eran otros los tiempos. Entonces, toda la ciudad se ocupaba del ayunador; aumentaba su interés a cada día de ayuno; todos querían verlo siquiera una vez al día; en los últimos del ayuno no faltaba quien se estuviera días enteros sentado ante la pequeña jaula del ayunador; había, además, exhibiciones nocturnas, cuyo efecto era realzado por medio de antorchas; en los días buenos, se sacaba la jaula al aire libre, y era entonces cuando les mostraban el ayunador a los niños. Para los adultos aquello solía no ser más que una broma, en la que tomaban parte medio por moda; pero los niños, cogidos de las manos por prudencia, miraban asombrados y boquiabiertos a aquel hombre pálido, con camiseta oscura, de costillas salientes, que, desdeñando un asiento, permanecía tendido en la paja esparcida por el suelo, y saludaba, a veces, cortésmente o respondía con forzada sonrisa a las preguntas que se le dirigían o sacaba, quizá, un brazo por entre los hierros para hacer notar su delgadez, y volvía después a sumirse en su propio interior, sin preocuparse de nadie ni de nada, ni siquiera de la marcha del reloj, para él tan importante, única pieza de mobiliario que se veía en su jaula. Entonces se quedaba mirando al vacío, delante de sí, con ojos semicerrados, y sólo de cuando en cuando bebía en un diminuto vaso un sorbito de agua para humedecerse los labios.
Continue Reading »