on May 14th, 2008Un artista de la edición
Lit.
Sea M una escritora de mediano renombre que, dada la escasa atención y nulo dinero que recibía de su editor, debió dejar de comprar ropa para sus hijos y se unió al ejercito de las amas-de-casa-Singer que confeccionan sus propias prendas. Una tarde de verano, M recorría el Once con un pedazo de tela en la mano, buscando en las distintas tiendas un retazo al menos similar, para remendar un viejo vestido que había heredado de su madre. Antes de cruzar Junín, en la avenida, la mujer vio a Herrero Pequeño, el hijo del editor, quien le gritó desde la vereda de enfrente:
–Hola M, qué sorpresa. ¿Qué hace por acá?
–Busco un género que me sirva.
Al llegar a la oficina del padre, esa misma tarde, antes de que se ocultase el sol, el hijo relató el encuentro. El padre, no sin mirar de reojo la lista de llamadas pendientes entre las cuales había varias de la aparecida, dijo con acusada frivolidad:
–¡Yo siempre dije que esa era una escritora improvisona!
Un tiempo después la secretaria de Herrero Pequeño padre le informó a la escritora que no era necesario que siguiese enviando sus cuentos a la editorial.
Este relato es un velado homenaje a, al menos, dos escritores. Tres, si se hila más fino.