on May 16th, 2008El canibalismo en los clubes
Por M.A.
…un empresario muy exitoso que decidió, en un rapto de sociabilidad, unirse a cuanta secta, grupo o cofradía se le cruzase por la mente: rosacruces, rotarios, masones, amigos de Palermo, viajé-como-el-otro, Skull & Bones, Anael, bloggers 3.0, sindicatos diversos y un mar de clubes de fútbol. Una vez lo hubo. Después de unos meses agotadores (tenía entre una y tres reuniones por día, y muchas veces cenaba por dos…) determinó que un club de bochas, destartalado, sin cancha, en la Paternal, era el próximo paso.
Acaso quisiera probar algo más barrial, buscando, filosófico, el sentido real, esencial de todo aquello.
En aquel club en pocas semanas se convirtió en un lider, una voz fuerte para todos los demás asociados que admiraban sus trajes, su afeitada y sus anégdotas de hombre de mundo. En poco tiempo accedió y se convirtió en partícipe del secreto del club: allí no jugaban a las bochas, sino que ejercitaban el canibalismo, comiéndose a empleados de limpieza, chicos de la calle o cartoneros tras la olorosa fachada de un asado mensual “sólo para vitalicios”.
Tanto apasionó este club anthropophagus al empresario exitoso, que dejó de ir a trabajar, y dejó de ser empresario. A medida que sus ahorros mermaban, también dejaba de ser exitoso y su liderazgo de esfumó.
Unos meses después, solo y deprimido, en una vieja pensión de San Telmo, tuvo demasiada hambre o melancolía (la distinción es impropia en este punto del relato) y, mientras tomaba unos mates, se comió el brazo izquierdo.